(Foto: Wikimedia)

(Foto: Wikimedia)

Síguenos en Facebook



En la Primavera Árabe de 2011, la Turquía de Recep Tayyip Erdogan trataba de perfilarse como estado modelo en la región, tras el derrocamiento de regímenes despóticos.

Un gobierno que es fiel a sus valores islámicos, pero, al mismo tiempo, gana en unas elecciones democráticas y está a la cabeza de un país con una exitosa economía de mercado de acuerdo con el modelo occidental. Esa era la imagen que Erdogan y su partido conservador-islamista AKP querían transmitir. Pero luego comenzaron a difundirse por televisión en los países árabes las escenas de manifestantes del parque Gezi, en Estambul, reprimidos por la policía con agua y gases lacrimógenos, luego de que comenzaran las revueltas, el 28 de mayo de 2013.

Reacción “autoritaria” a protestas en Gezi

La represión de las protestas masivas de 2013 dañó gravemente la imagen de Turquía, dice Murat Somer, politólogo de la Universidad Koc, de Estambul. “Los ciudadanos de Cercano Oriente, que también luchan por más democracia y respeto por los derechos humanos, conocían demasiado bien de sus propios países las reacciones autoritarias a las manifestaciones, como la del Gobierno del AKP, en Turquía”, dijo Somer en conversación con Deutsche Welle.

“No fueron las protestas en sí, sino la reacción del Gobierno a los movimientos de protesta lo que destruyó la imagen del AKP como partido que reúne valores conservadores musulmanes y liberales democráticos”, añadió el experto. Según él, el gobierno de Erdogan perdió la oportunidad de demostrar a los ciudadanos de Cercano Oriente cómo se manejan las protestas populares en una democracia.

Señal de alarma para protestas en otros países árabes

La reacción de Erdogan a las manifestaciones de Gezi “dañaron visiblemente su legitimación como democracia”, opina, por su parte, el politólogo Fethi Acikel, de la Universidad de Ankara. “Eso preocuparía a cualquier Gobierno del mundo, o al menos debería preocuparlo”.

Desde el punto de vista de Murat Somer, la represión de las protestas y, además, la falta de cambios políticos en los partidos y el Parlamento son también una señal de alarma para los movimientos de protesta en otros países. “Las protestas de Gezi demarcaron los límites de los nuevos movimientos contestarios descentralizados, desde Turquía hasta Brasil, cuyas bases no están conformadas por movimientos sociales ni por partidos políticos”.

Turquía ha perdido buena parte del prestigio que se había esforzado en ganar, dice el politólogo. El manejo de las protestas de Gezi por parte del Gobierno de Erdogan debilitaron el “soft power” turco, escribió Tarik Ogluzlu, experto en Cercano Oriente, en un análisis para el equipo de expertos Orsam en Ankara. “Soft Power” es la capacidad de un Estado de ejercer influencia más allá de sus fronteras con ayuda del atractivo de su propio sistema.

El “soft power” de Turquía fue un factor importante para Turquía en los últimos años, pero la imagen de ese país se vio tan perjudicada por el manejo de las protestas de Gezi, dice Oguylu, que su importancia como “fuente de inspiración” para los países árabes dependerá de si Turquía se convierte en una verdadera democracia liberal.

(Fuente: Deutsche Welle )