(Foto: Kremlin.ru)

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La que comienzó este viernes (11.7.2014) es la primera gira de Vladimir Putin por América Latina y el Caribe como presidente de la Federación Rusa. Cuba es la primera estación de su periplo, Argentina lo recibirá el sábado (12.7.2014) y Brasil lo mantendrá muy ocupado del 13 al 16 de julio.

En Río de Janeiro asistirá al partido final del campeonato mundial de fútbol, cuya próxima edición tendrá lugar en Rusia. Luego volará a Fortaleza y a Brasilia, donde las “economías emergentes” -–Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS)-– celebrarán su sexta cumbre y sostendrán su primer encuentro político con la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur).

Considerando los desafíos económicos, geopolíticos y militares que Moscú tiene por delante d*ebido a la crisis ucraniana*, a las sanciones con que lo amenazan Washington y Bruselas, y a la virtual expansión del bloque comunitario y la OTAN hacia el este de Europa, es inevitable pensar que Putin cruzará el Atlántico personalmente para pedir respaldo internacional, intercambiando favores o cobrando cuentas abiertas.

Su agenda latinoamericana incluye la negociación de cooperaciones en materia comercial, económica, financiera, espacial, de política global, de energía atómica con fines pacíficos y de transporte marítimo. DW habló sobre el tema con dos expertos.

Nexos simbólicos, intereses concretos

“En lo que respecta a las presiones impuestas sobre Moscú en el marco de la crisis ucraniana, sus relaciones con América Latina no le aportan muchos beneficios. El valor de estos nexos –-que no son nuevos-– es de índole simbólica; ellos sólo le sirven a Rusia para demostrar que no está tan aislada del mundo como Washington y Bruselas quieren hacer creer. De hecho, los rusos también están empeñados en hacer sentir su presencia en Egipto, Arabia Saudita y Asia Oriental”, explica Margarete Klein, investigadora del Departamento para Europa Oriental y Eurasia de la Fundación Ciencia y Política (SWP) de Berlín.

“Sin embargo, no debemos minimizar el interés que tiene Rusia en profundizar sus vínculos con el ‘gigante sudamericano’, Brasil”, agrega la especialista.

El politólogo Víctor M. Mijares, del Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales (GIGA) de Hamburgo, coincide con Klein; pero, a sus ojos, el carácter simbólico de las relaciones ruso-latinoamericanas se manifiesta a través de mociones muy concretas.

“Putin viaja a Cuba tras haber aprobado la condonación del 90 por ciento de una deuda que ese país tiene con Rusia desde los tiempos de la Unión Soviética: 35.000 millones de dólares (26.000 millones de euros)”, comenta el analista.

Acercamiento estratégico, no ideológico

“Putin aprovechará su visita para refrescar la antigua alianza que une a ambos países, pero menos por razones político-ideológicas que por motivos estratégicos”, acota Mijares, aludiendo a la ampliación del Canal de Panamá, los avances en el plan de construir otro canal marítimo en Nicaragua, la expansión del puerto cubano de Mariel y la apertura económica que se está dando en la isla.

“Estos factores hacen que muchas potencias –-no sólo Rusia–- busquen acercarse a la Antilla Mayor antes de que Estados Unidos acapare las ventajas que la ubicación geográfica de Cuba ofrece”, señala el investigador de Hamburgo.

“Por otro lado está el interés común de Rusia y algunos países sudamericanos en consolidar un orden mundial multipolar. Moscú siente que Occidente invade su esfera de influencia y ahora intenta devolver la afrenta. Rusia está consciente de que no tiene aliados de peso fuera de Eurasia y ahora procura encontrar puertos amigos que le permitan proyectar su poder marítimo. Algunos de sus interlocutores sudamericanos –-sobre todo Argentina y Brasil-– quieren desarrollar tecnología militar propia y, al contrario de Estados Unidos, Rusia está dispuesta a ayudarlos como exportador de armamento y know-how”, sostiene Mijares.

“Rusia sabe que, en este momento, le es difícil exhibir músculo en el hemisferio occidental. Pero no por eso va a dejar de intentarlo en este viaje de Putin a América Latina y el Caribe. Las circunstancias son propicias porque la resistencia a la hegemonía estadounidense es fuerte en buena parte de la región”, concluye Mijares.

(Fuente: Deutsche Welle )