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Las crisis a menudo se utilizan para llevar a la práctica cambios: la crisis de la eurozona dio lugar a la creación de una Unión Bancaria.

Los asuntos en materia energética son manejados por los países miembros de la Unión Europea de manera soberana. Sin embargo, se prevé que la crisis de Ucrania conduzca a una mayor unión de los países europeos en esa área. Desde que el primer ministro polaco, Donald Tusk, puso sobre el tapete el concepto de “Unión energética”, el debate acerca de una mayor independencia del petróleo ruso y de las importaciones de gas gana cada vez más terreno.

Guntram Wolff, director del grupo de expertos Bruegel, de Bruselas, cree que esa unión para el abastecimiento energético podría ser aún más amplia: “Se podría generar algo que estaría a favor de los intereses europeos”, dijo el experto en conversación con Deutsche Welle. Según Wolff, con eso se pueden matar dos pájaros de un solo tiro, ya que el proyecto es importante para Europa y es una señal adecuada para marcar el fin de la política de austeridad. “De ese modo, también se podría despertar el interés de los ciudadanos al respecto”, añade.

Más integración: ¿desafío a Moscú?

La idea de Donald Tusk acerca de una unión energética europea no solo tiene la aprobación de expertos y de los partidos que participan en las elecciones europeas, sino también la de numerosos jefes de Estado y de Gobierno de la UE. El comisario europeo de Energía, Günther Öttinger, planea la presentación de un proyecto para una “Unión Energética Europea” durante la próxima cumbre de la UE, en junio, que probablemente contenga la ampliación de las redes de gas natural en Europa y la implementación de un precio unificado del gas ruso en todo el Viejo Continente.

Según Jan Techau, director del thinktank Carnegie Europe, está claro que la crisis de Ucrania tendrá como resultado una mayor integración europea, sobre todo en el área energética. “Tal vez eso no conduzca a una política energética unificada, pero sí a inversiones masivas en el contexto de una menor dependencia de Rusia”, explica.

“Los rusos nos acaban de demostrar que la política del más fuerte, las amenazas y las extorsiones serán los instrumentos que estarán a la orden del día”. Es por eso que Bruselas ya no debería considerar la política con los países limítrofes como un mero “proyecto técnico”, sino más bien como una estrategia geopolítica. La ilusión europea de lograr una cooperación con los vecinos del este sin ejercer presión se ha esfumado.

¿Vuelve la confrontación militar?

Un enfrentamiento militar en un país vecino y las propias fronteras en peligro: para muchos ciudadanos de la UE, esta experiencia llega de manera sorpresiva. Los países de la UE no pueden observar la situación pasivamente, pero desde el inicio de la crisis de Ucrania casi no se volvió a hablar de una política europea conjunta de seguridad y de defensa. Si bien en los programas de los grandes partidos para las elecciones del Parlamento Europeo se encuentran alusiones a la creación de un Ejército europeo, ese enfoque no es realista, opina Techau: “Es un sueño que será imposible de realizar durante mucho tiempo”. Por el contrario: la política europea de seguridad y defensa es uno de los perdedores en la crisis de Ucrania. La OTAN recibió un nuevo impulso, pero no Europa”.

Janis Emmanouilidis, director del Centro de Políticas Europeas, en Bruselas, sostiene, por su parte, que “en la crisis se ve que es muy difícil unificar los diferentes conceptos geoestratégicos y las diversas experiencias históricas dentro de la UE”. Por el momento, Europa habla con una sola voz, pero cuanto más dure el conflicto, más difícil será mantener una posición unificada al respecto.

Nueva división de Europa

A lo que Emmanouilidis se refiere es a las diferencias en la percepción de una amenaza en la UE. Mientras los países bálticos, Polonia y los países escandinavos —donde reina un miedo tangible a Rusia— están muy preocupados por su seguridad, los alemanes, los holandeses y los franceses están mucho más tranquilos al respecto.

Según Jan Techau, después de la guerra de Irak, en 2003, se percibe claramente una nueva escición de Europa, sobre todo entre el este y el sur del continente. Pero esa división no está provocada solo por la percepción de una amenaza, sino por intereses económicos concretos. “Aproximadamente 2/3 de los fondos de la Política Europea de Vecindad van para los países del sur de Europa, y un tercio para los del este. Los países del Mediterráneo, como España, Italia y Grecia no quieren que se los prive de ese dinero para ayudar a los países del este europeo”, señala el experto.

Para Alemania, eso es un gran problema, ya que sus lazos económicos y políticos con Rusia son estrechos. Por eso, para Berlín es ahora especialmente difícil poner en práctica lo que el presidente y el Gobierno alemanes subrayaron a comienzos del año: la voluntad de liderazgo en política exterior.

Jan Techau opina que “Alemania debe guiar y transmitir tranquilidad, y sobre todo debe dar seguridad a sus socios del este europeo. Eso resulta difícil a los alemanes, que siempre tuvieron una ‘debilidad’ por Rusia, y que siempre estuvieron en la mira por eso”.

Pero Berlín, así lo ven muchos de los socios europeos, envía señales contradictorias, dando una imagen distinta en el conflicto de Ucrania de la que dio en la crisis de la eurozona.

“La imagen de la canciller alemana, Angela Merkel, es relativamente fuerte, pero está enmarcada en un contexto alemán lleno de escepticismo, que quiere evitar un conflicto con Rusia a toda costa. Y eso no condice con las responsabilidades hacia Europa y hacia la OTAN”, subraya. Y añade que, por sus relaciones político-económicas con Rusia, Alemania podría no solo salir perdiendo a nivel económico en la crisis de Ucrania, sino también perder influencia política en la Unión Europea.

(Fuente: Deutsche Welle )